miércoles, 8 de diciembre de 2010

Copo de nieve en lágrima negra

Frío, mucho frío, diciembre ya ha entrado en un invierno insubestimable. Gente, mucha gente, el centro de Madrid es un caldo de cabecitas humanas que se mueven casi al mismo tiempo. Globos, muchos globos, esos pequeños acompañantes que los demandan porque quieren tener su personaje de dibujos animados favorito en sus manos. Risas, felicidad, conversaciones... miras Madrid con otra perspectiva, aún quedan veinte días para la Navidad y la gente ya lo celebra. Madrid está feliz, y su Plaza Mayor abarrotada de esa felicidad. A un lado ves a una pareja dándose un profundo abrazo a la vez que sonríen, al otro lado ves a un hombre comprar una careta de superhéore para su hijo. Miras más allá y ves a un grupo de amigos haciéndose una foto para inmortalizar el momento. A la izquierda un hombre haciendo una caricatura a una mujer, a la derecha un tailandés tocando un instrumento de música extraño. Cientos de personas pasean. Madrid está siendo testigo de un acontecimiento precioso. Gente desconocida reunida en un sólo emplazamiento, gente opuesta, gente similar, gente que ama, gente que goza. 

Sin embargo yo estoy solo, permanezco con la mirada en un mismo punto. Tengo la misma postura desde hace muchos minutos. No puedo decir nada, no debo decir nada. No puedo moverme, no debo moverme. Estoy solo, espero a que alguien venga a sacarme de esta petrificación, quiero moverme y no puedo. Ni siquiera puedo rascarme el brazo, me pica muchísimo, pero estoy inmóvil. ¿Por qué? ¿Qué ocurre? Nadie quiere saber nada de mí, me siento solo entre tanta gente, cientos de cabezas a mi alrededor y mi soledad es máxima. La respiración cada vez es más fuerte, quiero parpadear pero debo aguantar, necesito asimilar que esta soledad es lo que hace de mí una persona especial, una persona distinta, una persona que quiere destacar. Pero... si nadie se acerca, ¿destaco? No, no destaco, quiero hacerlo pero no lo hago, no hay mayor frustración que la de sentirse mediocre entre la masa. 

¿Cómo me siento? impotente por no poder moverme y querer hacerlo, impotente porque para los niños paso desapercibido, impotente porque para las familias o los amigos paso desapercibido. No vendo globos, tampoco vendo caretas, no vendo patatas fritas, ni churros con chocolate, tampoco castañas... lo único que vendo es una sonrisa, un movimiento, un gesto, una mirada, un saludo, y lo vendo barato, lo vendo a cambio de otro gesto, de otra mirada...

Vaya, parece que está nevando, esto va a hacer que Madrid se haga más bonito de lo que es. Veo los copos caer, veo cómo la gente sonríe más aún al observar tal acontecimiento. Puedo ver cómo la gente irradia felicidad, puedo comprobar cómo todos están contentos, cómo disfrutan de ese momento. Yo, sin embargo, permanezco aún inmóvil, parado sin poder ofrecer una sonrisa ni un sólo gesto de alegría.

Entonces, en ese mismo instante es cuando la veo a ella... la primera vez que veo semejante belleza, observo cómo camina al lado de sus amigas, cómo ríe por algo que le ha hecho gracia. Se paran, se hacen una foto, la miran, no les gusta, repiten, se ríen al observar la nueva. Y yo todavía aquí sin poder moverme, congelado por el frío y por la situación. Su pelo asomando debajo de ese gorro que tan bien le queda, sus ojos que nada tienen que envidiar a la más bonita de las estrellas, su sonrisa que hace que tu día parezca distinto, mucho mejor. Es en ese preciso momento, mientras observo embobado cuando su mirada se cruza con la mía. No la  puedo retirar, no la retiro. Sonríe, parece que le he llamado la atención. Se acerca, yo no puedo devolverle la sonrisa, no puedo y no debo. Se queda a tan sólo medio metro de mi, en frente, me mira fijamente. Parece que va a sacar algo del bolso... sí, lo ha hecho, ha sacado algo. Se agacha y tira algo metálico en un sombrero que hay en el suelo separando la distancia entre nosotros. En ese momento un copo de nieve me cae en la mejilla, justo donde tengo pintada una lágrima negra. Gracias a su gesto ya puedo moverme, ya soy libre durante unos instantes, saludo, sonrío y lanzo un beso. Ella sonríe, se acerca a mí y pide a sus amigas hacerse una foto conmigo. Lo ha conseguido, ha conseguido que pueda moverme, ha conseguido alegrarme el día y espero haber hecho lo mismo con ella. Ya no puedo moverme más, pero por lo menos he alegrado por un momento la vida de alguien. Se aleja con sus amigas. Se gira y me guiña un ojo. Es alucinante, es uno de los mejores momentos de mi vida... es increíble, ahora sé porque vengo cada día a esta preciosa Plaza Mayor. 

martes, 30 de noviembre de 2010

Objetivos, metas, propósitos: OBSTÁCULOS

Hay veces que tienes unas expectativas altísimas sobre algo, pero la realidad es otra muy diferente. No te preocupes, las expectativas es lo que hace que veas que la realidad no es como lo esperabas. Paciencia, un objetivo, una meta puede convertirse en obstáculo, ¿y qué? más retos para ti, tómalo como un regalo para seguir aprendiendo.

Un obstáculo no es más que una prueba más para acreditar que lo que estás intentando conseguir no es cosa de mediocres, para demostrar que si lo superas es que eres alguien. Ser alguien no tiene por qué ser conocido o triunfador visible. Si triunfas interiormente, si lo que ves dentro de ti es digno de que tú mismo te sientas orgulloso entonces eres Alguien.

Una vez asumido un obstáculo, se analiza, se interioriza y se supera. Habrá otro dos metros más adelante, pero detrás dejaste una experiencia, así que éste será más fácil de digerir. Asume los errores propios, que también son obstáculos, medítalos y recomponlos, es un proceso de aprendizaje. El éxito es el resultado de la suma de millones de errores. Un error no puede echarte para atrás, un error es el mejor amigo que puedes tener, es el que te dice lo que no hay que hacer o lo que deberías haber hecho.

El objetivo es claro, el objetivo es contundente, el objetivo es el final de una carrera, es la meta, el objetivo lo conoces a la perfección. ¿Conoces el camino para llegar hasta él? Si no es así, constrúyelo.

Pero...esto tan sólo es un pensamiento inútil que a nadie le importa....

jueves, 30 de septiembre de 2010

Y yo me pregunto...¿La felicidad existe?



Para muchos es llegar a ser millonario, para otros es vivir muchísimas experiencias, para algunos alcanzar sus objetivos, pero yo me pregunto...¿existe la felicidad? Es una palabra un tanto inexacta, define algo indefinible. La felicidad es el objetivo de la vida, todos nacemos para conseguir una meta: ser felices. Pero lo cierto es que nadie llega a alcanzarla. Si yo soy feliz (hablando de cosas materiales y tangibles para entendernos bien) teniendo un BMW, el día que lo consiga querré otra cosa que careciendo de ella me hace infeliz. El ser humano es insaciable, la felicidad es efímera en su más estricto sentido. Creo que si existe, pero las personas buscamos siempre mejorar, por tanto la auténtica felicidad no se alcanza, sólo el día que nos vayamos sabremos si estamos orgullosos de la vida que hemos recorrido.

Miles y miles de problemas van obstaculizando nuestras metas, pero el hecho de tener esos problemas es lo que nos hace más fuertes, pues al superarlos nos hacemos más humanos y nos autorrealizamos. A veces somos nosotros mismos los que nos ponemos problemas y caemos en infelicidades absurdas, pero hay que aprender a controlar esas situaciones para poder estar a gusto con nuestra vida. Es por eso por lo que se me ocurre preguntarme si la felicidad existe, porque hay momentos en los que crees tener la peor suerte del mundo y que nada encaja en tu vida, tranquilo, todo es salvable, lucha por aquello que quieres y piensa en positivo. Todo tiene dos caras, que son las que le queremos poner, hay que aprender a ver lo bueno y dejar de lado lo malo.

Hay que ser fuerte, hay que intentar superar los baches de la vida, las desilusiones, los disgustos, las penas, las pérdidas, hay que superar todo eso porque detrás está lo bueno. Aprende de todo lo que vayas viviendo, no dejes que nadie impida que seas feliz, es tu vida, es tu única vida. Es corta, consigue tus objetivos, disfruta de tus vivencias, aprovéchalas y sé feliz... 

Porque la felicidad es aquello que construimos para ser felices, es mi pensamiento inútil.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Acerca de la mediocridad

Una vez escuché a alguien decir que la mediocridad es una enfermedad terminal que hay que erradicar. Lo cierto es que estoy de acuerdo, pero me sorprendió oír esa frase de una persona mediocre que se creía excepcional.

Verás, no hay nada malo en ser mediocre y no saberlo, pues no tienes nada que hacer para remediarlo. Mucho mejor es ser mediocre y saber que lo eres, pues en ese mismo momento intentarás salir del infierno de la mediocridad.

Pero la opción peor de toda estas combinaciones es ser mediocre y creer que no lo eres. Amigo, tienes un grave problema, crees que eres brillante, pero te has convertido en un fantasma de lo excepcional, has llegado un poco más lejos que una persona mediocre sólo porque te has aprovechado de muchos como tú. Eso, lo siento, pero no es ser excepcional, es ser un mediocre con una máscara fina de excepcionalidad totalmente vulnerable a la más mínima brisa. Crees que tus méritos son tuyos y la verdad es que no lo son, son fruto del cerebro de tu compañero espachurrado en el asfalto por culpa de la suela de tu bota. Ya me conozco a muchos como tú, pero... ¿sabes qué? El tiempo siempre pone las cosas en su sitio.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El por qué

Oyes tantas cosas, se te pasan tantos pensamientos por la cabeza, vives tantos momentos a lo largo de tu vida que uno necesita desahogarse y decir lo que piensa. Bien es cierto que puede que a nadie le importe, pero eso tampoco me importa a mí. Mis pensamientos son inútiles en su mayoría, pues sólo valen para uno mismo, después son desechables, y quien los quiera reciclar... adelante, que lo haga, pues también están para eso. 

Y como he decidido publicar mis pensamientos a sabiendas de que son inútiles, soy un filósofo frustrado, pues a los filósofos se les escucha, pero yo tan sólo soy hablante más, el que quiere pensar en voz alta pero la voz de su cabeza es de un tono bastante bajo. Sólo soy eso, sólo soy...

El Filósofo Frustrado.